Fin De Semana De Reencuentros

20 y 21 / 06 / 2020

 

Este fin de semana se presentaba ante mí con un aire de esperanza. No solamente recuperábamos “cierta normalidad” después del atronador paso de la COVID 19 sino que recuperaba a dos grandes bastiones en mi vida, por diferentes motivos. Vamos por partes:

Sábado de reencuentro

En este día tocaba compartir ruta con mi AMIGO Y COMPAÑERO Placi, que después de grandes vicisitudes personales volvía a recuperar una gran parte de su vida: la moto. Tocaba acompañarle para empezar a recuperar sensaciones. A las 11, después de cumplir el trámite obligado de pasar la ITV a mi moto que durante el confinamiento no se pudo pasar, salimos con dirección Guijuelo por la nacional en dirección a Santibáñez de Béjar y La Cabeza de Béjar. Era una mañana espléndida, con un clima que ya permitía desempolvar la cazadora de verano. Una vez en Guijuelo tomamos carretera hasta Endrinal. ¡¡¡Es increíble lo bien que está Placi con su edad!!! (que no se lleva en el carnet sino en el corazón) y todo su bagaje. ¡¡¡Cuánto aprendo a su lado!!! Una vez en Endrinal tocaba decidir, en base a cómo se encontrara mi compañero de ruta, qué itinerario tomar: atrochar por Los Santos o continuar dirección Linares. A Placi no hay nada que le derribe y evidentemente eligió continuar hasta Linares. Antes de entrar en San Miguel de Valero nos desviamos a la izquierda hacia El Tornadizo, al bar de Ana a tomar el refrigerio.

Nos despojamos de los cascos y nos pusimos las mascarillas para tomar el café, manteniendo la pertinente distancia de seguridad. Reanudamos marcha volviendo a San Miguel de Valero y de ahí girar a la izquierda, una vez pasado Santibáñez de la Sierra, dirección Cristóbal y La Calzada de Béjar.


Muy difícil expresar con palabras las sensaciones vividas en 120 km acompañado por fin de mi gran amigo. Ahora solo falta que volvamos a la carretera L@s Cuatro para terminar la cuadratura del círculo.

Domingo de “resurrección motera”

El día anterior fue intenso, pero hoy tocaba una jornada todavía más importante: mi “costilla motera” volvía a montar en moto, después de un larguísimo periodo sin acompañarme, demasiado tiempo para mí. Habíamos elegido en este día de Nueva Normalidad la mítica ruta del Valle del Jerte, con la incertidumbre cómo se encontrará de nuevo a los lomos de mi moto mi compañera para todo.

      
Enfilamos nuestros pasos en dirección a Hervás. Increíblemente Teresa estaba relajada, como si no hiciese tanto tiempo que iba de paquete, parece ser que lo que bien se aprende no se olvida nunca. Pasamos Hervás y nos dirigimos hacia el Puerto de Honduras. Una carretera preciosa, abriéndonos camino por una carretera estrecha entre la sombra y la arboleda. Una vez hicimos cumbre comenzamos a bajar. En este tramo hay como 3 km con un firme peligroso, en el que toca extremar las precauciones. Teresa seguía relajada, facilitándome así la conducción de mi moto. Es muy importante cuando se lleva paquete que este se deje llevar y no se ponga tenso para facilitar el manejo.


La bajada preciosa, con el Valle del Jerte a nuestros pies, lamentando que este año la COVID 19 nos ha robado la primavera y el espectáculo de los cerezos en flor. Una vez llegamos abajo tomamos dirección Jerte y Tornavacas. El Restaurante Tornavacas estaba cerrado, pero aún así hicimos una parada técnica para estirar las piernas.


Comenzamos la subida del Puerto de Tornavacas, con una carretera ancha y de dos carriles bien señalizados, nada que ver con la subida del Puerto de Honduras. Subida y bajada hasta Barco de Ávila, donde encontramos cerrado el bar Los Rosales, por lo que decidimos seguir ruta en dirección Béjar, para parar en el Restaurante Vallejera a tomar el último refrigerio.


Antes de las 13 horas estábamos entrando en Puerto de Béjar, con otros 120 km que para mí habían significado algo especial y para mi acompañante Teresa todavía más.

Está claro que la felicidad en la moto está en pequeñas cosas, que a la vez son tan grandes.

¡¡¡UNA MÁS Y UNA MENOS!!!