Los Rigores Del Verano

04/09/2017

Había quedado en Béjar con mi amigo Pablo para concretar los detalles de la Salida de El Gasco que se celebrará el domingo 10 con MSP.

Una vez llegué a la gasolinera de Béjar, casi sin darme tiempo para bajar de la moto, llego Pablo. Me propuso hacer una rutita por el pantano y Sotoserrano. Soy fácil de convencer, me pareció una buena idea.

Tomamos la autovía en dirección Cáceres y enseguida nos salimos en el cruce de La Granja. Continuamos por Zarza de Granadilla y cuando llegamos al pantano no tuve más remedio que parar mi moto al ver el desastre que en el Pantano de Gabriel y Galán estaba presenciando. Los rigores del verano habían sido bestiales.

Continuamos la marcha y paramos en la presa a tomar un cafetito. La tarde estaba siendo más calurosa de lo que en un principio parecía. El verano se resiste a abandonarnos.

Allí seguimos observando las carencias del pantano. Recuerdo que justo donde estábamos mi amigo Pablo me comentó:

– Tío ¡¡¡aquí estuve navegando y pescando el año pasado!!!

Parecía mentira, ante nosotros se veía una zona seca y sin gota de humedad, el mismo lugar que antes era un remanso de agua.

Después de la parada continuamos la carretera en dirección a La Pesga. Pensábamos que lo que habíamos visto en el pantano era lo peor. Estábamos equivocados, el espectáculo del río al pasar por el puente era deprimente. Ante nosotros se veía la imagen de una amplia superficie que antes estaba cubierta de agua, ahora sólo era un paisaje seco y desolador.

Había pasado varias veces con mi moto por allí, pero nunca había visto el puente de piedra que la escasez de agua había descubierto. Más adelante nos contarían la historia de ese puente.

Seguimos hacia Vegas de Coria y repostamos nuestras máquinas y nos tomamos un merecido descanso.  Allí sentados en la terraza había dos personas oriundas del lugar,  que nos contaron que el puente de piedra que antes comentamos estaba oculto desde que se hizo la presa. Antiguamente se usaba para cruzar con los carros por el río. Cuando se hizo la presa quedó oculto y se cruzaba el río en barca, hasta la construcción de los puentes de la carretera. Me encanta hablar con las gentes de la zona que te descubren los entresijos del entorno.

Después de esta grata conversación reanudamos la marcha en dirección a Nuñomoral donde tomamos el desvío a la izquierda. Entramos en una carretera preciosa hasta llegar a Martiladrán, donde pudimos ver unas vistas maravillosas desde el mirador del Cotolengo. La preciosidad de la vista de los meandros contrastaba con la penosa carencia de agua en los mismos.

Volvimos sobre nuestros pasos y regresamos a Vegas de Coria y de allí a Sotoserrano y regreso en dirección Béjar.

Llegamos hasta Cristóbal, donde tomamos el último tentempié de la tarde. Allí tuvimos un grato momento de conversación mientras veíamos como la luna salía rápidamente desde detrás de la Sierra. En apenas dos minutos estaba fuera, fue bonito verla salir y cohabitar todavía con los últimos rayos de sol.

Nos despedimos deseando que llegase el momento de volver a compartir un rato juntos. Tomé mi moto y regresé a Puerto de Béjar.

Habían sido 175 km de puro disfrute, una ruta medianamente improvisada sobre la marcha.

 

¡¡¡UNA MÁS Y UNA MENOS!!!

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