Me Apetece Un Café, Voy A Tener Que Llenar El Depósito De La Moto

17/03/2018 

 

    Habíamos tendido un sábado pasado por nieve, en el que conducir un coche era una labor difícil, ni que decir la moto. La carretera recomendaba quedarse en casa al calor de la chimenea.  

 

 

   Incluso La Covatilla había amanecido sepultada por la nieve. Ni siquiera para la estación de esquí tal cantidad de nieve era favorable, curiosa coincidencia. Parecía impensable que pudiésemos encontrar una mañana tan aceptable, con una temperatura baja pero un cielo que parecía que nos respetaba; y todavía más ¡¡¡una carretera limpia de nieve!!!

   Descansando y esperando que hacer en una mañana de domingo. Mi móvil suena y recibo un mensaje de mi amigo y compañero Pablo en el que me invita a disfrutar de paseo mañanero, al que nuestro compañero Placi no pudo acompañarnos por la falta de previsión, a veces las salidas surgen de repente y todo el mundo no está disponible. Sin más dilación tocaba llenar el depósito de la moto y dirección al Pipero a tomar un cafetito. Al salir de la autovía y tomar la carretera de Cristóbal me esperaba una nube amenazante, pero al avanzar pude escapar de su influjo y el cielo comenzó a despejarse de nuevo.

   Sobre las 12 llegué al Pipero y allí estaba Pablo esperando. Después de los saludos pertinentes y el pinchito de rigor recuperamos nuestras monturas en dirección a La Alberca, pasando por Mogarraz para que Pablo pudiese llenar su depósito, que nos sirve de excusa para disfrutar de esos bonitos parajes. El firme estaba sorprendentemente en muy buen estado y la temperatura no era excesivamente baja. 

La nieve en la cumbre de la Peña de Francia nos vigilaba desde las alturas. Que paisaje más bonito se podía ver desde allí. Recuperamos la carretera en dirección a Sotoserrano y descubrimos una cascada dónde antes no había nada, o por lo menos apreciable desde la moto.

                                      

                     

   Con tanta agua y nieve caída el agua se desbordaba por cualquier hueco que podía. Parece además que las lluvias nos van a seguir acompañando durante más tiempo, tardaron en llegar pero ahora parece que tardarán en abandonarnos, y la moto no la aireamos tanto como deseamos. 

   Volvimos en dirección Pipero para comenzar la subida por la carretera de Valero, que ha estado tanto tiempo cerrada por sus peligros de desprendimiento. Algunas rocas se veían como suspendidas en el aire, sin saber muy bien como eran capaces de mantener ahí el equilibrio.

        

  Que recuerdos, en los tiempos de la 125 subí con mis amigos Vicen y Rafa, luchando en cada curva. Eso no era solo pilotar, era además luchar con las marchas de la moto en esas curvas cerradas y empinadas para que la moto pudiese seguir subiendo. Tenía también su encanto. Ahora, con la moto de más cilindrada, se disfruta del paisaje y el pilotaje, ya que la potencia en las curvas estaba asegurada. 

                                 

   Que bonito y que fuerte bajaba el río Alagón. Personalmente nunca lo había visto bajar tan bravo y con esa cantidad de agua. El verano se antoja bueno con esa cantidad de agua. Paramos un poquito más arriba para ir estudiando los charcos en los que disfrutaremos en la época del estío, hay que ir preparando el terreno. 

              

   Subimos hacia San Miguel de Valero y allí me despedí de mi compañero de ruta. Había sido una mañana inolvidable como siempre, pero ahora tocaba separar nuestros caminos y continuar cada uno con su vida, a mi me esperaba Teresa para comer y no quería hacerla esperar. Inicié la bajada hacia Santibáñez de la Sierra y de nuevo Cristóbal y hacia la autovía para volver a casa. Antes de tomar la autovía volví a ver aquella nube amenazante que me despidió, parece que me vigilaba en la vuelta, asegurándose de que regresaba bien. Me despedí de ella y tomé la autovía. No acabó ahí la ruta, me tocó parar en la autovía a auxiliar a un conductor que había pinchado su vehículo. Una vez que le dimos a la grúa las indicaciones adecuadas recuperé mi montura y llegué a Puerto dónde Teresa me esperaba pacientemente para comer y mi perrita Xyla para saludarme como si hiciese meses que no me ve. 

   Como dice mi amigo Pablo había sido corta pero intensa, 140 Km repletos de curvas, buenos recuerdos y sobre todo con la sonrisa permanente debajo de la visera de nuestros cascos. 

¡¡¡UNA MÁS Y UNA MENOS!!!