Ruta Burgohondo

29/09/2018

Cuando acabábamos la visita al Museo Moto Histórica de Santa Marta tocaba ir a compartir mesa y mantel con nuestros amigos Miguel y María, nos tenían preparada una ruta de campeonato. Comida riquísima, agradable compañía y sin apenas sobremesa recuperar los ropajes moteros y a echar combustible, nos esperaba una tarde inolvidable.

Íbamos 2 motos con sus respectivos paquetes. Tomamos dirección Piedrahita. El tiempo era benévolo para disfrutar de nuestra pasión. Una vez llegamos emprendimos la preciosa subida a Peñanegra, que por esa vertiente era difícil de olvidar. Curva tras curva se notaba como bajaba la temperatura y poco a poco nos aproximábamos a la cima. Tocaba aparcar las motos y tomar unas instantáneas, asesoradas por mi amigo Miguel, que parece que sabe de todo. Foto para MSP y a reanudar la ruta.

Bajamos hacia la carretera de Gredos y nos dirigimos hacia Hoyos del Espino, y de allí a la Venta Rasquilla. En este tramo toma la cabeza mi compañero Miguel que me lleva con maestría sin apenas separarnos. Esa parada era obligada, un lugar frecuentado por moter@s de todas las clases.

 

Cafetito, fotos como siempre y a las motos, tomando la carretera de El Barraco hasta Burgohondo. El paisaje indescriptible, el firme ancho y en un estado estupendo y la compañía de nuestros amigos Miguel y María abriéndonos camino, guiándonos por unos parajes para repetir. Una vez llegamos a Burgohondo tomamos la carretera hacia el puerto de Navalmoral. El clima seguía siendo genial y los kilómetros iban cayendo sin apenas darnos cuenta. Una vez llegamos arriba parada de rigor para las correspondientes instantáneas. Allí había otro motero de Fuenlabrada que no había podido resistir la tentación de visitar el lugar.

Retomamos carretera hacia Ávila y una vez repostamos mi moto emprendimos vuelta hacia Salamanca por la nacional en dirección a Alba de Tormes. El tiempo pasaba rápido y la noche nos acechaba amenazantes. La noche no es un buen momento para conducir las motos por estos parajes, los animales y los imprevistos en la oscuridad de la noche es un riesgo innecesario. A ninguno de los dos nos parecía cauto pilotar de noche y decidimos no parar en Alba y continuar nuestro camino. Despedida en Calvarrasa como se merece de nuestros compañeros de ruta con la noche sobre nuestras cabezas. Llegada a Salamanca sobre las 21 horas con una sonrisa indescriptible bajo la visera de nuestros cascos y con una temperatura que a estas horas ya se notaba como descendían.

Había sido una tarde inolvidable en compañía de nuestros amigos Miguel y María, nos habían regalado una tarde de su tiempo y una ruta inolvidable, a un buen ritmo, juntos y pendientes una moto de la otra ante cualquier imprevisto. Una ruta larga de 300 km pero con un disfrute inolvidable.

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¡¡¡UNA MÁS Y UNA MENOS!!!