Ruta Del Cocido Inmaculado

Érase una vez en un sábado 8 de diciembre del año 2018 de aquel añorado siglo XXI en la que nuestros antepasados terrícolas circulaban por la Tierra en máquinas de a dos ruedas que llamaban motos. Acostumbraban a reunirse una panda de lunáticos para rodar en sus increíbles transportadores por unas carreteras negras envueltos en la niebla. Y por lo que cuentan las noticias de la época parece que se lo pasaban muy bien. Desde aquí, La Luna, vemos estos acontecimientos como de una historia muy lejana, pero cierto es que sucedieron.

Aquellos moteros, que solían llamarse entre sí “meseperos”, se agrupaban en una sociedad de iluminados chiflados que disfrutaban como infantes de sus correrías y manducorias por una tierra verde y de paisajes ignotos. Rodaban por unas líneas negras retorcidas entre montañas y llanos, se sentaban en una mesa a comer y se contaban anécdotas que les hacían reír mucho. ¡Qué tiempos aquellos!

Cuenta la leyenda que aquel sábado inmaculado amaneció envuelto en la niebla y a pesar de ello toda la tropa Mesepera se fue reuniendo en una estación que llamaban gasolinera Snoil. Como solían ser muy puntuales iniciaron la marcha a las 10 por la autovía hasta Puerto de Béjar, donde el comando Béjar esperaba para ir a El Solitario a tomar un brebaje que llamaban café y unos víveres llamados migas, que debían estar muy ricas a la vista de los platos.

Vestía el chaleco de “guía” la pájara María y con su pájaro Miguel nos llevaron agrupados, como pata con sus patitos amarillos,  hasta el punto de encuentro. Cierra la marcha el neófito José Carrasco estrenándose como “pájaro escoba” y cumplió con su cometido porque no se perdió nadie. La vista de la comitiva desde la vanguardia era emocionante: grupo compacto con los chalecos amarillos y cada uno en su puesto. El tractor de Adell se adelantó para ir despejando la niebla y dejar que el sol brillara en un día inmaculado.

Una vez dieron cuenta del café y las migas se subieron de nuevo a las motos pertrechándose de ropajes y una funda en la cabeza, cada uno diferente. Se enfilaron hacia Puerto de Béjar, El Cerro y Lagunilla. De allí bajaron serpenteando por una carretera en dirección a Zarza de Granadilla. Este grupo, a diferencia de otros que puedo ver desde la Luna, rodaban ordenados en zigzag, respetándose entre ellos y respetando a los demás. Qué bonito desde aquí arriba esa serpiente brillante que podíamos presenciar por su ropaje.

De una forma ordenada fueron recorriendo esas carreteras hasta llegar a Hervás y de allí pusieron camino hacia La Garganta parando y bajando de sus máquinas antes de llegar a esa población. Pero qué extraños son estos terrícolas con sus máquinas infernales, se bajaron y se volvieron a saludar, se nota que entre este grupo de HUMANOS hay unos lazos especiales. Dicen que la pasión por las motos les hace ser así ¿será verdad?

Comenzaron a arremolinarse en frente de un aparato que llaman cámara mirándolo todos de frente y cuando salía una luz ya dejaban de mirarlo. Repitieron con unos aparatos que llaman móviles y volvieron a las motos. Pararon en la plaza de La Garganta y volvieron a sacar la cámara. Ahora se hacían fotos primero todos juntos y luego por parejas de chicos y chicas y luego un grupo de chicos, no entendí muy bien ese juego. Entraron en un local a tomar unos brebajes, reírse,… y volvieron a sus máquinas, enfilando ahora como una serpiente resplandeciente la bajada hacia Baños de Montemayor y de allí volvieron a El Solitario a las 14,15. No entiendo muy bien la lógica de salir de allí para luego volver, pero por las sonrisas que dibujaban sus rostros cuando se quitaron los protectores de sus cabezas parece que había sido un momento especial el que habían vivido juntos ¿será la pasión por esas máquinas extrañas?

Me contaron que dentro comieron una comida llamada cocido, con risas, buen rato y más fotos con esa caja negra que llevaban. Después serpentearon, esta vez a pie, los caminos de El Solitario, visitando la zona y viendo la granja. Se les veía cada vez más felices y cuando volvieron a echarse unas fotos con lo que llaman cámara reanudaron la vuelta y volvieron a sus motos. Los saludos ahora eran diferentes a cuando se vieron por la mañana. Ahora se les notaba cierta sensación de pena por haber acabado un día para ellos tan maravilloso, pero a la vez de felicidad plena por los momentos vividos.

Serían las cinco de la tarde e iniciaron el regreso a casa: unos se quedan en Puerto, otros por la autovía y el grueso de la tropa por La Calzada de Béjar, donde se apean Placi y Pilar. Continuaron a buen ritmo por carretera despejada de rectas hacia Cristóbal, Linares y Salamanca, llegando a las 18:30 con el ocaso en su cenit y las primeras luces de la ciudad. Muy buena hora para llegar a casa en estos días tan cortos.

Recorrieron 255 km con 15 motos y la compañía de 21 moteros, hoy meseperos: Santi Z, Jesús Yayo, Luis Con, Juan Antonio y Charo, Xavi y Pilar, Antonio Tmax, Placi y Pilar, Adell, Miguel y María Inmaculada,  Roberto Versys, Tomás Vaquero e Isabel, José Carrasco, Marcos Ahigal, Nacho, Teresa y José Ángel.

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¡¡¡UNA MÁS Y UNA MENOS!!!