Ruta Los Mayorales

Había que elegir. Por un lado, la salida de los huevos en la sierra; y por otro, despedir el año en un grupo más pequeño. Era difícil, pero elegimos la segunda opción.

Montamos en nuestros camellos y nos dirigimos hacia la gasolinera de Tejares para juntarnos con el resto de pajes reales. Íbamos en busca de las cartas: Miguel y María, Xavi y Pilar, Antonio, José Carrasco, Teresa y José Ángel. Iba a ser una salida de mañana y a comer en casa, o por lo menos eso creíamos.

Sobre las 10.15 nos pusimos en marcha, encaminando nuestras monturas dirección Vitigudino. La niebla dificultaba la progresión de nuestros camellos, pero aun así continuamos ruta como auténticos ayudantes de los Reyes. Pasado Lumbrales parece que la niebla desaparecía y empezaba un gran sol a iluminar nuestro camino.

Parada técnica para reponer fuerzas y tocaba comenzar a subir el Puerto de la Molinera.  Al poco de empezar a subir nos sucede de las cosas más surrealista que me han ocurrido sobre mi camello. Delante de nosotros vimos corriendo a cuatro vacas con sus dos terneros. Nos quitamos el traje de pajes y comenzamos a ejercer labores de mayoral, con nuestros camellos a la velocidad del ganado, adelantarle podía ser peligroso al ir con sus crías. Decidimos parar en el mirador antes de llegar al puente para contemplar los paisajes y con la esperanza de que el ganado avanzase en su camino.

Reanudamos la marcha, los camellos ya habían descansado. Cual fue nuestra sorpresa cuando al poco de reanudar la marcha vimos a las vacas que venían en sentido contrario hacia nosotros, parecía que iban a embestir. Llamada al 112 para que viniesen en nuestro auxilio.

La situación era esperpéntica: allí parados con los camellos y el ganado parado frente a nosotros, como urdiendo una estrategia. La manada decidió volvió a correr en dirección al puente, cuando en éstas aparece el dueño de los animales. Se hace cargo de ellos por fin reanudamos nuestra ruta. Pasamos Saucelle y parece que el tiempo perdido con nuestra aventura ganadera provocaba que no pudiésemos estar a mediodía en nuestros hogares y tuviésemos que hacer una parada para comer. Nos encaminamos hacia Villarino, hacia el Paradero de La Villa, el cual ya nos había descubierto en una ruta anterior, ¡y que ruta!, nuestro amigo el paje Resti.

Comida, buen rato y vuelta hacía Salamanca. Monleras, Ledesma y en Villamayor para para despedirnos como se merece la ocasión. Llevaríamos las cartas que hemos recogido a sus Majestades los Reyes.

Habían sido 260 km venturosos y llenos de nuevas sensaciones.

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¡¡¡UNA MÁS Y UNA MENOS!!!