Ruta Montehermoso / Plasencia

25/02/2018

   Daban las 3:20 en mi reloj cuando me subí a mi burra, había quedado con mi compañero y amigo Pablo en la Gasolinera de Puerto de Béjar.

   Antes de llegar a repostar con mi máquina ya vi a Pablo por el retrovisor que me acechaba, puntual como siempre. Llenar mi depósito y después de los saludos pertinentes comenzar la ruta dirección Pantano de Gabriel y Galán. La tarde prometía, el tiempo era benévolo y la compañía, qué decir de la compañía. Nada más conectar las nuevas tecnologías a mi moto para acompañarnos en la ruta y a quemar kilómetros, que es lo que tocaba.

 

 

   La carretera era muy buena, y sin apenas darnos cuenta nos vimos llegando al pantano y aparcar nuestras máquinas al lado de otros dos moteros. Cafetito y a desembarazarse del forro a la cazadora, parecía que iba a calentar un poquito y había que quitar lastre. Sin más dilaciones nos dirigimos hacia Ahigal. Desde allí hasta Aceituna, con una carretera que no habiamos recorrido y bastante decente para rodar, con buen firme y entretenida. Enseguida llegamos a Montehermoso, no sin antes ver en los bordes de la carretera los secadores extremeños de tabaco, unos todavía útiles, otros reconvertidos y otros ya en desuso.

   

   El negocio de secadero de tabaco ha sido un motor en la economía de la zona norte de Extremadura. En Montehermoso visitamos el pueblo y encaminamos nuestras ruedas hacia Galisteo, bonito pueblo amurallado. A mi compañero Pablo le tocaba repostar, y después de dar una vuelta por el pueblo con nuestras motos emprendimos camino hacia Plasencia.

Intenté tomar un café en la zona de La Isla, pero parece que todavía es demasiado pronto para que los chiringuitos estuviesen abiertos. Nada, tocaba recuperar ruta y parar en el Restaurante El Avión a tomar un pinchito. Cervecita, pinchito y risas fue el preludio de la continuación de la ruta. Tomamos la autovía y raudos paramos en el Bar Chinato en Puerto de Béjar, dónde ya nos esperaba mi mujer Teresa que no nos pudo acompañar. Otro ratito de cerveza, pincho y cafetito y a despedir a mi compañero Pablo que regresaba a su Linares. 

   Habían sido 150 km, ruta no muy larga, pero por algunas carreteras desconocidas y sobre todo una tarde fenomenal, como cada vez que disfruto de mi gran pasión, y que procuro compartir con vosotros. 

¡¡¡UNA MAS Y UNA MENOS!!!

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