Ruta Para Desempolvar

13/01/2018

Tocaba salir a desayunar fuera de casa con mi fiel compañera, la moto, para quitarle las telarañas. La crudeza de los días invernales no me permitían disfrutar de las rutas con mi  moto todo lo que deseaba. Entre café y tostada parecía que el día abría un poquito, las nubes se retiraban como invitándome a ponerme el carretera.

Sin más dilaciones decidí emprender camino hacia Alba de Tormes y allí, según estuviese la mañana, ir decidiendo las etapas del camino. 

La carretera estaba bastante bien, no parecía que brillasen las temidas placas de hielo, aunque con el frío que hacía no había que confiarse. El tráfico era muy escaso y debido a la cercanía del destino sin apenas darme cuenta estaba en el Bar Puerta del Río haciendo mi parada para tomar el cafetito. La mañana seguía mejorando, parece que estaba teniendo suerte. No hacía falta mucho para continuar la carretera con el mono que tenía de moto.

Tomé camino hacia Peñaranda de Bracamonte. La carretera, aunque un poco peor firme, era buena y sin apenas tráfico. La mañana estaba siendo bastante decente, rodando en solitario y a un buen ritmo; y como siempre procurando aprender de cada trazada y cada aceleración. A veces rodar en solitario tiene su encanto, te ayuda a pensar en ti mismo y a ir reorganizando tu mente, siempre sin perder vistazo a la carretera, en cualquier momento puede aparecer un imprevisto.

Una vez en Peñaranda decidí regresar a Salamanca por Encinas y San Morales, dónde paré a ver a mis buenos amigos Urbano y Constanza. Son de esas personas que, aunque nos veamos poco, sabes que siempre están ahí. Cuando llegué a su casa casi no les encuentro, en ese momento venían también de Peñaranda de correr con su hija. Andrea y Mario estaban guapísimos y el tiempo había hecho que apenas les conociese. Fue un gran reencuentro. Amigablemente me invitaron a su casa dónde con una cervecita y buenas viandas compartimos risas y conversación.

El tiempo pasaba rápido, debía volver a casa y así lo hice. La carretera hasta casa era un poco peor, por lo que había que extremar las precauciones, como tú dices siempre: “Nunca hay que bajar la guardia”.

Había sido una ruta cortita de 100 km., que había valido para desempolvar la moto y seguir aprendiendo y recuperando sensaciones.

 

¡¡¡UNA MAS Y UNA MENOS!!!